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EDITORIAL

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Proyección

Proyección

N° 125, Setiembre 2026.

Edición Bimestral del Colegio de Ingenieros de Jujuy

LOS INGENIEROS CONOCEMOS DE CALDERAS (PERO NO HEMOS SABIDO COMUNICARLO) 

LOS INGENIEROS CONOCEMOS DE CALDERAS (PERO NO HEMOS SABIDO COMUNICARLO) 

Ing. Ind. J. Humberto Maurín 

MP 5445 «A” Consejo Prof. De Ing. y Geólogos de Mendoza 

Auditor técnico de Calderas y ASP Art.2 Res2442/02 STyE. Res. 3536/03

Instructor Senior en Operación y Mantenimiento de Calderas Industriales 

Miembro de Junta Nacional de Inspección de Calderas y Recipientes a Presión – INTI  y Comité Técnico Asesor para la Certificación de Operador Calderas Industriales – INTI

Coordinador de la Comisión de Especialistas en C y ASP (FADIE). 2026

¿Por qué los ingenieros no logramos que legisladores, empresarios y hasta nuestros propios colegas entiendan por qué importa cuidar los equipos que acumulan energía térmica? Les comparto mi opinión sincera: “el mayor problema que tenemos los ingenieros especialistas en calderas no es técnico. Es de comunicación”. No hemos desarrollado suficientemente la capacidad de transmitir a la sociedad la importancia que tienen estos equipos y el impacto que su correcto funcionamiento tiene en nuestra calidad de vida

Sabemos diseñar, calcular, inspeccionar, mantener y operar equipos que acumulan enormes cantidades de energía. Lo que no hemos desarrollado es la habilidad de explicarlo, en palabras simples. ¿Por qué eso le importa a cualquier persona? Porque utilizar equipos seguros y certificados periódicamente nos beneficia a todos.

A pesar de esta falencia comunicacional, tenemos la oportunidad de seguir fortaleciendo el diálogo con funcionarios y legisladores para poner en valor la importancia de garantizar la seguridad, la confiabilidad y la eficiencia energética en el uso de estos equipos. A la fecha, en nuestro querido país, no hay legislación técnica específica. Claramente, nuestros argumentos técnicos, por buenos que fueran, no alcanzaron. Ya lo advertía Carl Sagan: “vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología y, sin embargo, quienes toman las decisiones desconocen casi por completo cómo funciona el mundo que administran”. Lejos de ser un reproche a los legisladores, debe tomarse como una tarea pendiente de los profesionales, traduciendo la importancia e influencia de nuestros saberes técnicos en la calidad de vida de todos.

Por otra parte, es importante continuar generando conciencia en el sector empresario sobre la relevancia estratégica de estos equipos y la necesidad de garantizar condiciones adecuadas de seguridad, confiabilidad y eficiencia en su operación. En muchas empresas se cuida más el transporte que los equipos térmicos. Se renueva la flota, se capacita a los choferes, se mejoran sus condiciones laborales. Y está bien. Pero una camioneta parada se reemplaza en horas; una caldera fuera de servicio puede paralizar toda la producción durante meses. Si no se previó un reemplazo, fabricarla puede llevar 180 días. El costo mayor no es la reparación: es el tiempo sin producir, el lucro cesante que a veces compromete la continuidad de los negocios.

Además, hay un criterio que no logramos superar en conjunto: la misma empresa que no usaría una camioneta de más de 5 años pretende producir con calderas usadas de más de dos décadas, recicladas de cualquier lado, sin garantía real ni eficiencia térmica. Caer en ese mercado de equipos de segunda mano suele salir carísimo. El oculto costo de la no conformidad.

Otro de los grandes desafíos que tenemos por delante es avanzar, entre colegas, en la definición de criterios compartidos para la formación y el desarrollo de competencias de inspectores y operadores de calderas. Algunos pretenden formar operadores en charlas de 4 horas; otros en cursos de 8, 16 ,40 horas, o muchas más, sin profundizar en los contenidos, en la práctica y la periodicidad de las capacitaciones. La mayoría de los cursos son teóricos y virtuales, con escasas referencias normativas. Se siguen ofreciendo formaciones basadas en unas normas obsoletas de 1970 sin ninguna conexión con los códigos internacionales. En el comité técnico específico del INTI hacemos el esfuerzo, pero la participación de profesionales es baja.

¿POR QUÉ DEBERÍA IMPORTAR ESTE TEMA  EN NUESTROS PROCESOS COTIDIANOS?

Por una razón simple y de bolsillo. Una caldera industrial es, “en criollo”, el calefón de una casa, pero a gran escala: en lugar de calentar el agua para la ducha, calienta el agua o genera el vapor para todo un hospital, un hotel o una fábrica. A lo largo de su vida operativa, cerca del 96% de lo que gasta una caldera es combustible; el equipo y su mantenimiento, juntos, suman 4%. Una caldera descuidada desperdicia energía en silencio: decenas de miles de dólares al año que se pagan y no producen nada, terminan en el precio de lo que consumimos y pierden competitividad.

Detrás de casi todo proceso industrial hay una caldera para obtener agua caliente, instrumental esterilizado en un hospital, cirugías, para producir alimentos pasteurizados, bebidas, combustibles, medicamentos. Indispensables en refinerías de petróleo, petroquímicas y la industria minera. Cuando una caldera falla, no se pierde solo dinero: también se pierde producción, clientes, mercado y empleos. 

El Proyecto de Reglamento Técnico que impulsamos desde FADIE no viene a regular la actividad económica ni a sumar burocracias. Propone algo sencillo de enunciar: un sistema moderno de inspección y certificación a cargo de ingenieros matriculados y con competencias actualizadas. Dicho en palabras simples, marca dónde termina la libertad de operar mal y empieza el derecho de los demás a no pagar las consecuencias.

Para finalizar, quiero cerrar con una invitación. Dado que puse el foco en la comunicación, permítanme abrir el diálogo. El reglamento prevé la formación de un Comité Técnico Asesor Consultivo, pensado para completarlo y actualizarlo de manera periódica. Queremos una norma evolutiva, un espacio vivo. Por lo expresado, convoco a colegas de todas las especialidades, fabricantes, operadores y a todos los que quieran sumarse, a contactarse a través de mis medios personales indicados.

Y a los legisladores, funcionarios y empresarios que lean esto les pido la paciencia y la apertura para que nos permitan explicarles, en palabras claras, aquello que hasta hoy no supimos comunicar: “Cómo podemos bajar los costos de operación en el uso de la energía térmica”. De nada sirve tener razón si no logramos hacernos entender.

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CIJ | Revista Proyección – Edición Setiembre 2026

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