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Proyección

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N° 122, Marzo 2026.

Edición Bimestral del Colegio de Ingenieros de Jujuy

“LA INGENIERÍA MUEVE AL MUNDO, LA PREGUNTA ES SI QUERÉS SER PARTE”

“LA INGENIERÍA MUEVE AL MUNDO, LA PREGUNTA ES SI QUERÉS SER PARTE”

Prensa y Difusión

Entrevista al Ing. Agustín Battaglia

El Ing. Agustín Battaglia repasa su recorrido desde la secundaria en Jujuy hasta su formación universitaria en Buenos Aires. Un testimonio sobre decisiones vocacionales, exigencia académica y el valor del trabajo en equipo.

— ¿Qué influencia tuvo la secundaria en la construcción de tu vocación?

Fue una etapa decisiva. Estudié en el colegio FASTA San Alberto Magno, en Río Blanco, y siempre fui muy dedicado al estudio. No lo vivía como una obligación, sino como algo natural.

Nunca sentí que el buen rendimiento académico me aislara. Lo que sí me costaba era lo social. En ese sentido, el estudio terminó siendo un puente: explicar contenidos o ayudar a compañeros me permitió vincularme desde un lugar donde me sentía seguro. Además, tuve docentes que transmitían entusiasmo, y eso influye mucho.

— ¿Siempre tuviste claro que estudiarías ingeniería?

No. En tercer año dudaba entre Ingeniería y Filosofía. Me interesaban ambas. Finalmente entendí que la filosofía podía acompañarme como interés personal, pero que la ingeniería me ofrecía un camino profesional más concreto.

Elegí la orientación Economía con la idea de estudiar Administración de Empresas, pero en el último año, al profundizar en Física y Química, cambió todo. El contacto más profundo con la ciencia terminó de definir mi decisión.

La Ingeniería Industrial apareció como síntesis entre números, gestión y aplicación técnica. Esa amplitud me resultó atractiva.

—¿Cómo fue tu experiencia universitaria?

Inicialmente consideré estudiar en Jujuy, pero luego opté por la Universidad Austral, donde debía acceder a una beca. El examen de ingreso incluía Matemática y Física; esta última exigió una preparación adicional y un esfuerzo importante previo.

Obtuve una beca del 60% para realizar mis estudios, pero no era suficiente para que mis padres pudieran afrontar el resto de los gastos. Agradecí a la Universidad la oportunidad y, en ese momento, estaba dispuesto a continuar mi formación en Jujuy si no se daban las condiciones. Tiempo después, la beca fue ampliada al 80%, lo que hizo posible el traslado a Buenos Aires. La despedida familiar fue intensa. Dejar Jujuy implicaba un cambio importante.

— ¿Fue tan exigente como imaginabas?

Entré con mucho miedo. Pensaba que la universidad sería extremadamente difícil. Los primeros meses fueron duros, pero el gran punto de inflexión fue formar un grupo de estudio.

Estudiar en equipo no solo mejoró el rendimiento académico, sino que hizo la experiencia más llevadera. Con el tiempo entendí que no se trataba de sobrevivir a la universidad, sino de aprender a vivirla. Siempre sostengo que la universidad no garantiza el éxito, pero aumenta las probabilidades.

— ¿Qué mensaje darías a quienes dudan en estudiar ingeniería?

Primero, que el miedo es normal. Ingeniería es una carrera exigente, y está bien que imponga respeto. Lo que no está bien es que ese respeto se transforme en paralización.

No es una carrera “imposible”. Es una carrera que requiere disciplina, constancia y capacidad de sostener el esfuerzo en el tiempo. No depende tanto del colegio del que uno venga, sino de los hábitos que esté dispuesto a construir.

Ingeniería no es solo resolver ecuaciones; es aprender a pensar con método, a analizar problemas complejos y a buscar soluciones concretas. Es una formación que te prepara para enfrentar desafíos reales.

La vocación no siempre aparece como una certeza inmediata. A veces se construye en el proceso. Muchas veces empieza con una decisión valiente: animarse a asumir un desafío que parece grande.

Si uno está dispuesto a comprometerse, a trabajar y a no rendirse ante la primera dificultad, la carrera no solo es posible: es profundamente formadora.

— En el contexto actual, ¿la inteligencia artificial es una amenaza o una herramienta para la ingeniería?

Es ambas cosas. Tiene el poder de potenciar muchísimo el trabajo profesional, pero también puede anular el pensamiento crítico si se la usa sin criterio.

Como herramienta es extraordinaria: agiliza búsquedas, explica conceptos, ayuda a detectar errores y acelera procesos que antes llevaban horas. En ingeniería y en la industria, especialmente en análisis de datos, modelos predictivos o redacción de informes, puede mejorar notablemente la eficiencia.

Pero no es infalible. No todo lo que genera es correcto, y ahí está el riesgo. Si uno delega el razonamiento sin verificar, puede cometer errores graves.

No se trata de reemplazar a la persona, sino de complementarla. La inteligencia artificial bien utilizada potencia al profesional; mal utilizada, lo vuelve dependiente. El valor sigue estando en quien sabe interpretar, cuestionar y decidir.

— Desde tu experiencia académica y profesional, ¿cuál considerás que es hoy el principal desafío pendiente para Jujuy en términos de desarrollo y generación de conocimiento?

Creo que el principal desafío es fortalecer el capital humano y lograr que más personas capacitadas desarrollen su proyecto profesional en la Provincia.

Está muy bien que los jóvenes salgan a estudiar, que se formen en otros contextos y que ganen experiencia en ámbitos más grandes o competitivos. El problema no es irse; el desafío es volver o, al menos, mantener un vínculo activo con Jujuy.

Muchas veces se piensa el desarrollo en términos exclusivamente industriales o de infraestructura, pero el verdadero motor son las personas. Donde hay gente preparada, hay capacidad para identificar necesidades, generar soluciones, emprender y atraer inversión.

Jujuy tiene recursos naturales, producción, identidad y potencial estratégico. Lo que necesita consolidar una comunidad de profesionales que asuman responsabilidades, que innoven y que transformen ese potencial en proyectos concretos.

El desarrollo sostenido no depende solo de grandes inversiones externas, sino de la decisión de su propia gente de apostar por la Provincia y asumir el compromiso de hacerla crecer.

— ¿Qué mensaje le darías a esta nueva generación que hoy enfrenta incertidumbre y dudas, especialmente en relación con el estudio y la ingeniería?

Hace poco leí una idea que me quedó muy marcada: “la oportunidad suele estar donde alguien renunció a la responsabilidad”. 

Vivimos en un contexto donde muchas veces se evita el compromiso, pero cada responsabilidad que uno decide asumir abre una posibilidad de crecimiento. No es una carga; es una elección.

Si me dirijo a un grupo de jóvenes del secundario, les diría que no renuncien antes de empezar, que no se descarten, porque en cada responsabilidad hay una oportunidad.

Y si hablamos de Ingeniería en particular, hay algo que para mí es muy claro: la Ingeniería mueve al mundo. La infraestructura, la industria, la energía y la tecnología funcionan porque hay ingenieros detrás.

Los que hoy están estudiando son los que van a sostener y desarrollar ese movimiento en los próximos años. La pregunta no es si el mundo se va a seguir moviendo —eso va a pasar—, sino si uno quiere ser parte de quienes lo mueven.

El miedo puede estar. Pero si uno elige asumir el desafío, prepararse y comprometerse, está eligiendo ocupar un lugar activo. Y eso es lo que transforma realidades.

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