Ing. Lidia Medina
MP 180 CI
Partícipe necesaria de rituales, ceremonias, fiestas y representaciones teatrales, la máscara acompaña desde tiempos inmemoriales la actividad del hombre. No hay geografía donde su uso sea menoscabado. La propia palabra tiene múltiple etimología, la relación más notoria es con su antecedente griego: máscara=prosopon=persona.
El rol de la máscara es complejo en tanto juegan aspectos históricos, estéticos y psicosociales. La máscara nos convierte en otro, implica un desdoblamiento de la persona. La verdadera identidad se oculta y se muestra, según la circunstancia, un otro ficcional, diferente. La máscara se relaciona con una manifestación, como una epifanía.
En unas colinas de Judea, en el monte Hebrón cerca de Jerusalén, se encontraron hasta ahora 16 máscaras de piedra caliza que la datación científica ubica hace unos 9000 años. Su peso oscila entre 1 y 2 kg. Es el registro de este tipo más antiguo descubierto hasta ahora. Corresponde a la etapa del neolítico pre-cerámico, la de la transición de los cazadores recolectores a la agricultura. Se supone que se trataba de un centro de producción de máscaras. Los paleoantropólogos formulan la hipótesis de su uso ceremonial vinculado a la tierra y a los ancestros. Aunque mayoritariamente forman parte de colecciones privadas, 11 de ellas se expusieron en 2014 en el Museo de Israel, entidad que cuenta en su fondo patrimonial con sólo 2 ejemplares.
Los egipcios empleaban máscaras de papiro y yeso para reproducir el rostro de los difuntos y sostener el vínculo con el más allá. Los griegos las emplearon para las representaciones teatrales, en las que la gestualidad de éstas indicaba el género de la obra: una tragedia, una comedia o una sátira. Con cada máscara asociada a un personaje para ser reconocido por los espectadores, un actor podía representar distintos personajes. Al principio se empleaba el tizne con pigmento blanco, marrón o gris directamente sobre el rostro del actor, luego se elaboraron máscaras de lino moldeado, terracota, madera tallada, cuero y con agregados como pelo.
En Roma las máscaras fueron incorporadas a partir del siglo III a.C., influenciados por los griegos. Los romanos daban distintos usos a las máscaras, llamadas carátulas o personae. En ritos funerarios los actores empleaban máscaras con los rasgos del difunto. También en las fiestas saturnales, antecedente del carnaval, para compartir momentos de distensión y enajenamiento de la realidad, las jerarquías y las normas. Se hacían talladas, moldeadas, modeladas, las de cartonaje se cubrían con pan de oro y se agregaban incrustaciones de material vítreo. Para el uso en el teatro se preparaban máscaras con personajes estereotipados: el joven, la doncella, el viejo, la vieja, etc.

Máscara romana para representar al Viejo
Quizás, el descubrimiento en Sanxingdui-China, en 2021, de 6 yacimientos con objetos ceremoniales de bronce, jade, marfil y oro plantee el mayor desafío para la antropología. Su datación corresponde entre los siglos XII y XI a.C. pero su localización en el sudoeste, a más de mil Km desde donde se creía había nacido la civilización china, la falta de registros escritos de su existencia, la magnitud del hallazgo, las características estéticas con rasgos abstractizantes de los objetos- totalmente distintos a los de la civilización china tradicional- su rica simbología y el desarrollo tecnológico que superaba al alcanzado en forma contemporánea por la dinastía Shang, aplicado en la metalurgia de grandes objetos de bronce, entre ellos máscaras de más de un metro dotadas de ojos saltones y orejas de gran tamaño con orificios, siguen siendo un interrogante sin respuestas que da pie a distintas especulaciones, entre ellas la policivilización, esto es la existencia simultánea de varias civilizaciones originadas en diferentes regiones.

Máscara de cobre, siglo XIII/XI a.C., Sanxingdui-China
Nuestra región es rica en eventos que reivindican el uso de máscaras. En Iruya, en octubre, durante las festividades religiosas en honor de la Virgen del Rosario, en una ceremonia sincrética en tanto mantiene el ritual prehispánico de culto a la Pachamama con elementos incorporados con la colonización, nueve bailarines promesantes Los cachis, ejecutan una danza acompañados de erkes, quenas y cajas en las que se enfrenta el bien contra el mal; usan unas máscaras -de carácter sagrado- para interpretar a los integrantes de la familia: abuelos, padres y niños, al ganado y al personaje que referencia la maldad. Por tratarse de elementos del culto, las máscaras originales se restauran, no se reemplazan.

Bailarín cachi enmascarado, Iruya-Salta
En tanto, en nuestra provincia, cada año, durante el carnaval, el espíritu del pujllay nos visita enmascarado con portentosos cuernos, espejos y lentejuelas que reflejan y espantan las energías negativas y nos invita a vivir con alegría, música y sin inhibiciones, un ritual de abundancia, juego y agradecimiento por la cosecha, sin distinciones sociales. Apenas un lapso de unos pocos días con un inicio y fin para el regreso a la normalidad.

Bajada de diablos, Jujuy
La máscara también puede cumplir una función reparadora como lo entendió la escultora que las realizaba para ayudar a los heridos de la primera guerra mundial que tenían el rostro desfigurado y no lograban una reinserción social. Cada ejemplar era personal, se tomaba un molde en yeso y luego, en base a fotografías del afectado -anteriores a la deformación- la artista modelaba el nuevo rostro que luego pasaba a cobre y pintaba a mano para devolverle cierta normalidad a la persona para que pudiera interactuar en sociedad sin producir repulsión. Como un antecedente rudimentario de la actual reconstrucción facial.
Pero también hay máscaras intangibles. Para Carl Jung, padre de la psicología analítica (Suiza- 1875/1961), la verdadera máscara no es una máscara visible, sino la adopción de una psique colectiva, la de la persona que representamos en la comunidad a la que pertenecemos. Esta máscara porta por un lado nuestras intenciones y por el otro las opiniones, exigencias y expectativas del entorno.
Con iguales intenciones, en la actualidad las redes sociales potencian la posibilidad de enmascararnos atrás de un alias, de un avatar, de un perfil con una apariencia con la que ocultamos nuestra verdadera identidad y subjetividad.





